El jueves, para variar, me levanté mega
atrasada. Me vestí linda, me puse tacos, me calcé sombrero, tuve un día de
horror en la pega, morí de hambre y pasé el día pensando en que al día
siguiente cumplía treinta. A las 8 de la noche me decidí ir al teatro para
distenderme un poco aunque de verdad no tenía muchas ganas ya que tendría que
ir sola, pero aperré de toda formas. El tránsito fue todo lo que podía querer
ya que por Bellas Artes me llenaron de piropos aunque el dolor de usar tacos
era el horror de los horrores y mientras recibía mis halagos pensaba ¿por qué
estoy haciendo esto? Y es que claro, hay una multiplicidad de roles que tenemos
que cumplir en el momento decisivo nuestras vidas, estamos llenas de presiones
sociales por ser exitosas laboralmente, buenas amantes, y madres ejemplares
entonces no está demás NUNCA que te digan que estás linda.
La obra que fui a ver es Yo Nunca Nunca de Begoña Ugalde y el azar hizo calzar las
inquietudes de mujer-clase-edad por las que estaba pasando en ese mismo
instante con el estreno de la obra, cosa que me resultó mega inquietante.
La obra se trata de una mina cuica/joven que
está pasando por el proceso de separación de su esposo/artista con el que
tienen una hija en común; que decide armarle la despedida de soltera a su
hermana cuica/tonta y para eso llama a las amigas cuicas/algo (hippie, loca,
rica, inteligente). Cada una es un estereotipo chistoso de lo que representan,
con los valores ABC1 esperables de la caricatura y con toda la alharaca y competencia
que se genera en las reuniones de mujeres (de cualquier estrato social). Y está
la nana al medio de toda esta reunión, que se roba la obra, quizás del puro
contraste de clase. Quién sabe. Pero yo me cagué de risa.
El guion es exquisito en diálogos y reflexiones
que le dan una velocidad maravillosa a la obra, que se sitúa en la dinámica de
carrete y no es para nada pretenciosa. Eso se agradece demasiado.
La escenografía es bella y necesaria. Cada uno
de los elementos se justifica para crear el ambiente del departamento y, a
pesar de que el escenario no es de gran tamaño y de que son 8 personajes los
que llegan a estar en escena, todo anda como reloj y nadie se anda tropezando.
Eso también está buenísimo.
Quizás, lo que me faltó fue un grado mayor de
violencia cuando… (no pienso adelantar cuándo, obvio). Pero creo que ese es el
único punto perfeccionable de la obra. Faltó resentimiento, roce, rabia para
llegar a ese lugar en el que uno dice ¡Mierda, qué pasó! Y esto lo digo sin
ánimos de ser el crítico que dice en la exposición que le cambiaría un par de
pinceladas a un cuadro, sino a modo de sugerencia o de convicción vital que, en
lo personal, me conduce a búsquedas que no tienen por qué ser las de la
guionista y directora. Pero es un punto.
Como reflexión final, Yo Nunca Nunca es una obra muy
entretenida, que en una primera instancia puede generar todo el rechazo del
mundo por lo cuica y los estereotipos que pudieron irse a negro, pero que se
salvan magistralmente por las actuaciones (A modo personal destaco las de
Constanza Alemparte, Mariela Mignot y Sofia Oportot). Y lo más gracioso es que
uno, no siendo ABC1, puede reconocer a muchas de sus amigas (que tampoco lo
son) en las mismas dinámicas y preocupaciones, las que vistas desde afuera, o
desde una butaca, son para cagarse de risa.

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