Tenía 13 años cuando escribía diarios de vida encerrado en su pieza. Ese fue el principio del gusto de Leonardo González (Santiago, 1987) por la escritura, una pasión que decantaría años después, cuando estudiando Teatro en la UC descubrió que toda la incomodidad que sentía al subirse a las tablas, desaparecía cuando se dedicaba a escribir lo que se diría en ellas.
“En la misma escuela me di cuenta que la actuación me ponía muy nervioso, tenía un poco de pánico escénico, me costaba subirme al escenario, no era fácil, no era natural. Y sin embargo es raro, porque me gusta actuar. Como que hay que empujarme para hacerlo, pero cuando ya estoy arriba del escenario, todo bien. Me acuerdo una vez que jugó Chile con Venezuela y suspendieron una obra en la que actuaba, y yo hice una fiesta en mi casa, fue lo mejor que me podía pasar. En cambio si me dicen que se suspenden las clases de dramaturgia, me deprimo, porque me gusta mucho hacerlas. Obviamente me doy cuenta que hay algo que naturalmente me lleva”.
El 2011, un taller con Juan Radrigán en el GAM resultó decisivo para su carrera. “Yo no lo conocía, no me había detenido a leerlo. Y dije que, aprovechando que está vivo, lo voy a conocer por la puerta grande, tomando un taller con él. Encuentro estúpido sentarme a leerlo si puedo tener clases con él o puedo hacer las dos cosas”. El taller duró un año, periodo en el que escribió dos obras: Aquí no se ha enterrado nada y Madre, he vuelto. Ambas se publicaron en el libro Alemania y la primera fue premiada el 2012 en el concurso de Dramaturgia del Teatro Nacional Chileno, donde se estrenó el 2013.
¿Por qué Madre, he vuelto nace desde el tema de la guerra?
Porque quería hablar de la dictadura, pero no me atrevía a hablarlo de frente. Inconscientemente quería llegar a ese lugar de tranquilidad para poder hablar de mi país y de mis sentimientos a través de algo que fuera en otro lugar y en otro tiempo. Creo además que es un recurso muy necesario, porque si bien uno puede ser muy autobiográfico, serlo también es muy doloroso y problemático. ¿Dónde queda ese velo de la ficción que te permite jugar? Me interesa investigar en cómo utilizar la biografía como una herramienta, sin condicionarse ni amarrarse a ello. Mientras más escribo condicionado menos a gusto me siento.
En la obra mezclas la dictadura con el imaginario bélico hollywoodense, ¿por qué?
Porque yo no viví la dictadura. Si esta obra la hubiera escrito mi papá o mi mamá, ellos no tendrían el imaginario hollywoodense, ellos tendrían la cruda realidad. No hay una intención de hacer metáfora a través del cine, sino que es cómo este joven -que vendría siendo yo- conoce la guerra. El personaje es un tipo que no tiene idea lo que está viviendo, pero le obsesiona, porque quiere devolverle el hijo desaparecido a esta señora para que esté tranquila. Hacer un acto de sanación, que es lo que a mí me encantaría hacer, si tuviera las herramientas con el teatro.
¿Qué te atrae explorar en el teatro?
Primero a mí me gusta la comedia. Aunque no lo parezca. Madre, he vuelto no está exenta de humor, espero. A mí me interesa la comedia, de la forma en que la hace Guillermo Calderón, metiéndola en lo no cómico. En ese sentido me interesa también lo que hace Juan Andrés Rivera (de Los Contadores Auditores). El hace lo que yo quiero hacer todo el rato, que es encontrar el humor en lo que aparentemente no lo tiene. Encontrar el humor en todo, en la tragedia, en el drama. Hay obras que tienen chiste, pero eso no es lo que quiero, eso lo encuentro malo, de hecho.
¿Qué temas te interesa tratar?
El tema puede ser muy diverso. Ultimamente me ha gustado mucho el cine y el fútbol como tema social. Después está la dictadura, los detenidos desaparecidos, porque es el tema de mi infancia, de mi familia. Siento que siempre me va a perseguir. Y no tengo ningún temor a ser repetitivo, porque creo que hay muchas aristas. Me encantaría escribir una obra sobre la Vicaría de la Solidaridad, porque me interesa hacer obras sobre cosas particulares, que me llamen la atención. No me interesa escribir sobre la dictadura, sino sobre lo más pequeño. Como Madre, he vuelto, que es la obra de la madre de un detenido desaparecido.
¿Cómo es tu relación con los directores?
Pésima, tengo que mejorarla. Es que creo que un autor tiene que encontrar su director. Un autor tiene que encontrar uno, dos o tres directores con quienes trabajar y que te entiendan. Es muy difícil trabajar con gente que uno no conoce. Es como someter a una guagua al cuidado de alguien que no conociste nada y que te la entrega de vuelta sin ropa y con barro. He hecho el ejercicio de entregar libertad total con el texto y después me he sentido muy decepcionado.
¿Qué te parece la dramaturgia chilena que se está haciendo hoy?
En parte mala porque muchas cosas son muy parecidas. Creo que es peligroso que los autores empiecen a escribir igual. No es tan interesante la dramaturgia cuando está al borde del plagio ni cuando defiende ideas que están archiseguras. Escribimos todos cosas parecidas, contra la homofobia, contra los políticos, contra la derecha, contra el capitalismo. A mí me molesta cuando se instala un discurso dominante artístico, tipo “la derecha es mala, la izquierda es buena, la dictadura fue terrible”, entonces lo que hacemos es seguir potenciando esa idea. Como autor ahí puedo escribir una obra preciosa, pero que no aporta tanto culturalmente, porque es un discurso muy dominante.
¿No podrías caer tú también en eso con Madre, he vuelto?
Pero Madre, he vuelto nace de una experiencia que yo viví, no tiene ese afán. Me da mucho miedo la gente que dice “yo quiero escribir una obra de los 40 años del golpe”, de algo que no es un hecho personal, marcador, que llega y te moviliza, sino de algo social, que estaría muy políticamente correcto. Entonces le pasa algo al niño Zamudio y cinco dramaturgos vamos a escribir sobre él. Creo que uno tiene derecho a escribir de lo que sea, no quiero cerrarme, pero es bien impresionante que a todos les gusta Radrigán y Barrales y empiezan a escribir como ellos.
Obra favorita: Neva (Guillermo Calderón)
Referentes en la dramaturgia: Juan Radrigán, Guillermo Calderón y Luis Barrales
Obras estrenadas: La mejor oportunidad del mundo; Madre, he vuelto; Aquí no se ha enterrado nada y Chilena
Próximo proyecto: Brasil, julio 2014. Estreno de su obra Imago – Uma lua n’água, dirigida por Claudia Echenique, en conmemoración de los 100 años de Julio Cortázar
Entrevista de Estefanía Etcheverría, Periodista.

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