Yo no me considero feminista / pero me siento cada día más lesbiano - Fisura

viernes, 3 de julio de 2015

Yo no me considero feminista / pero me siento cada día más lesbiano


por Arturo LedeZma



No tengo tevecable y mi antena sólo agarra TVN. Anoche no me quedó otra cosa que ver un programa conducido por José Miguel Viñuela. No me molestó tanto el programa excepto por el hecho de que todo el rato Viñuela le tira los cagaos a una mina que las oficia de jurado y, a pesar del rechazo evidente de la pobre weona, el loco dale con pedirle un besito y dale con ponerla incómoda y yo pensaba Y este conchetumare por qué chucha no se besuquea el hoyo.

Me puse a pensar en mi vida y en las veces en que me he visto en ese tipo de situaciones en las que una mina es vista como un receptáculo de moco o como un ejercicio de poder. Hace un tiempo organizaba lecturas poéticas y más de una vez me pasó que me decían “Oye invítate a tal o cual poeta porque es rica… escribe puras mierdas, pero es rica” Jamás lo hice. Sin embargo he visto ciclos con más de alguna cabra que va a leer puras weas con tal de que le toquen las tetas o le sapen el chupo en una pieza con camarote. También me acuerdo de cuando un poeta invitó a comer a un poeta extranjero y le tenía (me lo dijo textual) a tres poetas jóvenes pa que eligiera a cuál se quería servir. Así como quien regala naipes con reverso de colocolo o llaveros con el indio pícaro de souvenir este weon regalaba la concha de sus discípulas para que el invitado se desbandara peinándole la alfombra a una cabra que esa noche salió pensando que alguien la iba a escuchar leer. Me parece absurdo. Para qué voy a mencionar la oportunidad en que un organizador me pidió que le recomendara a tres escritoras jóvenes para que los escritores hombres pudieran descargarse lejos de casa.

La televisión es el reflejo de la sociedad y viceversa. Es un círculo vicioso patológico como el de la pobreza en los blocs de departamentos 3 por 4 que el gobierno entrega para empadronar el estigma del hacinamiento. Las minas en minifalda paseándose por la pantalla mientras afuera hay dos grados bajo cero; los guachos punteándose chorizo a las guachas en las discotecas que parecen sitio eriazo. Se me viene a la cabeza esa brincadera de madres solteras haciendo nata en los consultorios a las nueve de la mañana. Pienso de repente en que hasta el arte conceptual está lleno de prejuicios como cuando una mina hace performance y alguien dice que no tiene las tetas tan duras como para sacarse la ropa en público. Entonces vuelvo a recaer en pensar que hasta en lo más árido de la intelectualidad existe el pase largo que permite que Viñuela le haga los puntos a la mina del jurado producto de esa permisividad machista en la que puedes poner contra la pared a cualquier mina y luego decirle que no es culpa de uno que ella se ande regalando.

No sé si fue en mis lecturas de Rimbaud o en la niñez en el regazo de puras tías y abuelas en donde se enraizó en mí este ánimo de no sobrepasar así corriendo los límites de una falda. Me acostumbré no sé cómo a tenerle un respeto parido a la feminidad. Y con el paso de los años he comprobado que todas mis amigas son lesbianas. Mario Borel decía que si juntas a todas mis amigas tienes un equipo de Babyfútbol. Me han tildado de misógino por esto, pero el caso es que quizá por una cuestión de comodidad y conversación siempre termino relacionándome con minas que han perdido o que nunca tuvieron un interés fálico a la hora de definir sus actividades o sus relaciones. Y claramente me parece más chistoso y creativo hablar con alguna amiga que me cuenta alguna anécdota interesante antes que estarme resucitando el hígado entre machos que apuestan la vida en una ronda de piscolas viendo el partido de fútbol del equipo que sea. Cáchate que en lugar de salir a chelear con mis amigos prefiero tomarme una botella de ron en casa con conversa o ver una temporada completa de cualquier serie de televisión que pille en youtube.  Al final de cuentas siempre que uno sale al bar y se sienta en la barra con el barman termina escuchando la misma historia en que todos los contertulios, incluido el barman, aseguran ser cada cual por su parte El cachero de las pampas aún cuando uno sabe que es pura boca el galán porque nunca se los has visto con otra mujer del brazo que con alguna sobrina de siete años en la foto de cuando fueron a Fantasilandia y una prima los etiquetó en facebook.  


Igual es lamentable no tener tevecable. Sobre todo cuando tu tele apenas agarra una sola señal de televisión abierta y justo es TVN. Cabe señalar que el programa de Viñuela me entretuvo caleta, pero su actitud, esa impunidad masculina que siempre permite que el weon con el micrófono puede agarrar a la mina que quiera, me apestó tanto que ahora que me acordé terminé escribiendo estas líneas y, de paso, me puse a pensar en que con el paso de los años y siendo un afortunado que nunca ha estado soltero desde los quince (digo con esto que he tenido la suerte de no tener que caer en la desesperación del cortejo y el chupeteo por canje como mis amigos) me he puesto cada día más lesbiano. Me han terminado gustando grupos musicales que no le gustarían al soltero masturbatorio que escucha Death Metal; y he aprendido a discernir entre diseñadores de moda con la naturalidad con que un amigo mío podría hacerlo para decir con certeza la procedencia de una cerveza Stout y determinar la cantidad de lúpulo que hay en ella. Y sabes qué, no me arrepiento, por el contrario, me ha terminado gustando todo esto. Es harto más piola la vida cuando la miras con esa amabilidad femenina que no te empuja a cortejar a cualquier cosa que pase andando o esté sentada. Digamos que mi vida es harto menos tránsfuga y peliculienta que las vidas de mis compañeros de oficio quienes gastan los codos en los bares y se inmortalizan el pico batiendo récords de virginidad mientras uno, que escucha Rosario Flores en un carrete, termina un jueves o un lunes cualquiera haciendo el cuadro plástico en la ducha como el más tierno ejecutante de una peli del cine Lido (aunque lo con calefactor en el baño y con unas toallas grandes con florecitas a la mano, claro está).  

Publicado en 2013 en la web de LecturasCiudadanas

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