¿Hasta qué hora se trabaja cuando juega la selección? Esa es la pregunta que el 90% de los trabajadores se hacen un día como hoy.
Algunos porque tienen que ir al estadio. Otros porque quieren llegar a la casa, pasar a comprar unas chelas y sentarse en el living con la familia a disfrutar o padecer los 90 minutos de juego.
También hay quienes por puro morbo quieren verlo para decir cosas negativas del tipo "viste que son malos?" y también están los que se van directo a Bellavista para tomar cien chelas antes de ir a Plaza Italia a celebrar el posible triunfo (incluso a celebrar el empate)
Las señoras que no gustan del fútbol quieren salir antes de que termine el turno para poder viajar en metro sin toparse con la vorágine que se forma en los vagones en la previa del partido con toda la gente que va de camino a su casa, a la casa del amigo, al estadio o a Plaza Italia y como saben que estará lleno de gente el metro argumentan a los jefes con discursos del tipo "es que puede quedar la cagá, deberíamos salir antes".
Los niños se entretienen en días como hoy porque pueden dormirse un poco más tarde.
Mañana en la mañana la productividad del país puede estar por la baja porque la mitad de los futboleros está con una resaca terrible que puede ser más terrible aún si Argentina gana.
Solo el destino es lo que nos espera... con sus garras negras de la incertidumbre, para darnos estas horas previas que son fatales y que solo se terminan cuando la última chela se termina y el pitazo final da por terminado el martirio justo antes de que el primo cesante o el empleado menos comprometido con su empresa diga la terrible y luminosa frase de "Compremos más copete?"
Quizá mañana la marraqueta sea más crujiente o, por el contrario, la sal de fruta sea la única esperanza.
Pero estamos en la previa y sabemos con orgullo que pase lo que pase estaremos ahí, expectantes, padeciendo los 90 minutos más los 4 del alargue hasta saber a ciencia cierta si la historia es posible de ser cambiada o simplemente el viernes empezará terriblemente gris y el viernes santo se convertirá en un viernes de dolores bíblicos.
Orellana, quiero soñar
Yo apuesto por un dos a cero en favor de Chile. Que es como apostar por un milagro que derribe toda religión y toda regla de oro.
Si le apunto me darán un diploma como el mejor sueño de Casandra antes visto y si me equivoco me dirán que esta mañana mi ilusión fue mucho más fuerte que mi entusiasmo porque hasta el entusiasmo tiene algo de cordura.
PD: cuando veo esta foto de Piñera y Messi pienso... es posible... es posible!
por Arturo Ledezma






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