Esta mañana leía un artículo que señala que la prensa está matando a los "virales" de internet. Sin embargo al mismo tiempo ocurre que los "virales" de internet están matando el periodismo.
Esto que parece una estupidez o un retruécano, y que es muy dificil de explicar, es una sentencia de muerte para todos los que estamos cesantes por dos motivos fundamentales.
PRIMERO: Una de las cosas más terribles de trabajar en medios de prensa es que los medios están muriendo por culpa de la publicidad y esas vainas. Entonces te despiden rápido porque no es conveniente que alguien haga mucha pega porque hay que pagar más de la cuenta y los medios, con justa razón, no pueden hacerse cargo de gastos que cada vez son más difíciles de conseguir. Luego si es que te ofrecen pega es por muy poco dinero y cuando muestras el currículum por lo general te señalan que estás sobrecalificado para ganar tan poco y que mejor contratan a alguien que, haciendo mal la pega y no teniendo experiencia alguna, se quedará ganando nada y haciéndolo todo al revés.
Yo a estas alturas por 400 lucas te bailo como Doctor Simi, pero eso a nadie le importa porque nadie te cree que trabajarías por poco dinero. Entonces, en tu lugar, queda un joven que sin saber la diferencia entre un punto seguido y un refrigerador industrial, se queda trabajando.
Yo a estas alturas por 400 lucas te bailo como Doctor Simi, pero eso a nadie le importa porque nadie te cree que trabajarías por poco dinero. Entonces, en tu lugar, queda un joven que sin saber la diferencia entre un punto seguido y un refrigerador industrial, se queda trabajando.
SEGUNDO: Si tienes la suerte de encontrar trabajo bien remunerado sabes de antemano que vas a tener que escribir cosas tontas y sin ningún sentido. Virales. Potos y tetas. 10 formas de encontrar otras 10 formas para hacer algo. Fotos de Instagram. Más tetas. Más virales. Otro poto. Y si te queda tiempo alguna crónica medianamente inteligente que hable de la importancia del viral en el poto que está posado sobre las tetas de alguien.
Básicamente lo mejor sería que las noticias se imprimieran sobre potos, tal como en la fotografía. Quizá ese sea el futuro de la información.
Entonces lo único que te queda es una resignación como de viuda escuchando cassettes de José Luis Perales. Un llanto triste en la garganta y la mirada puesta en un horizonte, más solitario que borracho que se acaba de hacer caca. Luego la negación absoluta de todo, la rabia, las ganas de tener veinte años y estudiar algo así como finanzas o gastronomía. Pero como el dado ya ha sido lanzado uno se queda ahí, mirándolo rodar. La escritura, tal como el primer amor correspondido, se queda adentro de uno para siempre. Cabrona.
Un periodista, en el artículo aquel que leí esta mañana, decía lo siguiente (y cito textual) «Odio los vídeos de gatos y de bebés. Si estas cosas se convierten en virales es porque hay pocas noticias que merezcan la pena contar o las que hay no son contadas de manera correcta». Sin embargo ocultaba el hecho de que él mismo es un famoso creador de virales. Y esto que puede parecer absurdo no es más que una honestidad que debieran tener todos los que trabajan en medios porque (acá voy a desclasificar algo que no debería, pero puedo acusar demencia más adelante) todos los medios están muertos de miedo porque los números rojos son cada vez más rojos y la única alternativa de mantenerlos en pie es con muchos practicantes que escriban y escriban y copien y copien notas virales para pagar el sueldo de los dos o tres periodistas que (engañados con que a alguien le importan sus noticias) siguen escribiendo y reporteando notitas chicas, pero con el ceño fruncido como si fueran Hemingway en mitad de una balacera y a punto de culearse una rubia en la trinchera enemiga al ritmo de una botella de ron. Pero es una ficción hermosa. Porque en realidad lo que importa es que alguien ponga las 10 maneras de rascarse el codo con un escorpión, o las fotos de los pezones censurados de una mujer rusa que da lo mismo cómo se llame o lo que haga en su vida.
A todo esto, y como si nada en el mundo pudiera ir más mal, siempre aparecen nuevos proyectos que piden periodistas, cronistas, fotógrafos, columnistas... que tengan experiencia y rigor, pero que no cobren. De preferencia que paguen por escribir. Y entonces todo el mundo mundial se va a la misma mierda y nada tiene sentido y las bachatas de Romeo Santos son la única razón de vivir que tiene uno que sueña -así como quien sueña con dar un paseo en un Delorean o salir a beber tequila con Robert De Niro- con un futuro mejor y con la posibilidad de volver en el tiempo para escribir en un medio y que la gente te diga "oye yo leo tus columnas y me gustan mucho". Pero eso ya no pasa. La vida hoy es muy distinta y la redacción periodística se parece más a cualquier canción de Prince Royce que a un manual de estilo o de ética.
Estamos en una cinta de Moebius en la cual, como escaleras que terminan en su primer peldaño, nos hacen dar vueltas sobre lo mismo. Y entonces, mientras yo me lamento y me lamento estoy escribiendo estas líneas que alguien, como me ha pasado alguna vez, me dirá "podrías escribir un artículo al respecto, yo tengo un medio" y entonces yo le quedaré mirando con mi cara de imbécil que tengo para usar en algunas ocasiones y le diré "claro, te lo mando gratis, no hay problema" y él se irá feliz porque habrá conseguido otro pelotudo más que trabaje gratis, mientras va de camino a su casa y sabe que no tiene ni para pagar la luz, sin embargo, el weón tiene un medio. Y con ese cosquilleo en el pubis que aparece cada vez que alguien que tiene un medio dice "tengo un medio" se verá a sí mismo como El Ciudadano Kane y pensará que algún día, cuando todo vuelva a ser como antes, podrá ser feliz y comprarse una parcela en Calera de Tango a la que llamará Xanadú y comprará una bola de cristal para romperla antes de morir diciendo "Rosebud"... sin embargo, eso tampoco pasará, porque el endemoniado dueño de un medio con suerte y tendrá para pagar la bola de cristal que no se romperá al caer porque será de plástico y en su último momento de vida pensará en un artículo que indica las 10 maneras de romper una bola de plástico al morir.
De todos modos, quiero confesar que igual me pongo contento con los dos o tres pitutos que tengo y con las pocas chauchas que logro conseguir escribiendo. Sé que hay compañeros de oficio que apenas les pagan porque muchos trabajan gratis. Y otros que sin saberlo se quedarán cesantes muy pronto y no sabrán la razón (porque aún creen en ese periodismo serio aún cuando están metidos en medio de redacciones llenas de niños buscando virales).
No sé si con escribir esto estoy pidiendo trabajo o estoy haciendo que nadie me lo ofrezca. Al menos, a mi favor, puedo decir que sé dos cosas muy importantes:
1.- que los virales van a morir y con ellos el periodismo entero tal como lo conocemos;
2.- sé la diferencia exacta y precisa que hay entre un punto seguido y el refrigerador industrial en el que congelaron la carne del asado que no puedo pagar.
1.- que los virales van a morir y con ellos el periodismo entero tal como lo conocemos;
2.- sé la diferencia exacta y precisa que hay entre un punto seguido y el refrigerador industrial en el que congelaron la carne del asado que no puedo pagar.
Por eso es que me gusta escribirles acá en facebook. A veces me siento más feliz haciéndolo de lo que se imaginan.
Abrazos apretados y besos donde gusten.
PD: Si saben de algún trabajo en algún medio les ruego que me recomienden, digan que sé menos de lo que sé pero que sé más de lo que creen que sé... y también les pido que si me recomiendan jamás mencionen todo lo que dije acá arriba
Nos gusta verte por acá en Fisura, por eso:

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