La Bruja: ¿Estamos ante la película más perturbadora del año? - Fisura

viernes, 20 de mayo de 2016

La Bruja: ¿Estamos ante la película más perturbadora del año?



Y usted, querido lector, ¿hace cuánto que no ve una película de terror y al salir de la sala lo hace con la sensación de que acaba de presenciar algo no solamente innovador, sino que trastocó su entendimiento?



A menudo una de las mayores quejas con las películas de este género es que ya no hay nada nuevo bajo el sol pues las fórmulas ya están muy gastadas. Afortunadamente de vez en cuando surge alguna joya cinematográfica que de cierta forma refresca el panorama y nos hace ver que aún es posible contar una historia de miedo sin caer en los lugares comunes. Por ejemplo, hace un año It Follows, una película con bajo presupuesto y por la que nadie apostaba nada se convirtió en un gran éxito en taquilla y obtuvo críticas muy positivas.

Ahora, con La Bruja (The Witch), nuevamente nos topamos con una cinta cuya propuesta narrativa y visual se sale del molde para bien. Y esto no lo decimos nosotros, tanto la crítica especializada y el público en general la han calificado como sobresaliente. Incluso el aclamado escritor Stephen King ha señalado que esta película le aterró:

Estamos pues, ante una película valiente cuya propuesta es arriesgada y no da concesiones de ningún tipo, algo digno de resaltar si tomamos en cuenta que es dirigida y escrita por el debutante Robert Eggers, quien lo hizo de un modo inmejorable, llevándose el premio a la Mejor Dirección en la categoría de Drama Estadounidense en la edición 2015 del Festival de Cine de Sundance. 


¿Qué es lo que hace a La Bruja una película tan aclamada?

Para dar respuesta a esta pregunta primero deberíamos comenzar por hablar de su trama, ubicada en Nueva Inglaterra alrededor del año 1630. Frente a la amenaza de prohibición de la iglesia, un granjero inglés deja la plantación colonial en la que habitaba y se muda con su esposa y cinco hijos a un terreno remoto en el extremo de un bosque amenazante, dentro del cual merodea un mal desconocido.



Al llegar comienzan a suceder cosas extrañas e inquietantes, los animales se vuelven malévolos, los cultivos se malogran y un niño desaparece mientras otro aparentemente es poseído por un espíritu maligno. Con las sospechas y paranoia en ascenso, los miembros de la familia se acusan mutuamente de brujería. A medida que las circunstancias se tornan más peligrosas, la fe, la lealtad y el amor de cada miembro de la familia se ponen a prueba de las maneras más espantosas e imperdonables.



Toda esta historia está reforzada con una ambientación que transmite al espectador una sensación de intranquilidad constante. La opresión, soledad y pesimismo que se logra por medio de la música, fotografía, caracterización de los personajes y locaciones contribuyen a que cada cuadro de la película resulte inquietante. No importa que estemos viendo un riachuelo, una cabaña, árboles o a unos animales pastar, el espectador sabe que ningún rincón de ese páramo solitario está libre de una maldad que no se ve pero se percibe. En ese contexto incluso nos resulta comprensible que cada miembro de la familia vea alterada su realidad y deje de percibir con claridad las fronteras entre lo bueno y lo malo, lo racional y lo maligno, lo inocente y lo perverso.

Conviene, no obstante, hacer una aclaración oportuna: Esta película maneja un ritmo más lento de lo habitual y a veces podría tener la impresión de ver una película histórica o de los primeros colonos, primeros estadounidenses antes que una cinta de terror. En parte ese es el encanto de esta propuesta, ver cómo una historia que parece ajena al suspenso poco a poco se va enrareciendo. Aunque claro, no faltará quien por lo mismo califique a la película como aburrida.



Aquí no veremos que se recurre al susto fácil, a las persecuciones asesino-víctima o a la aparición repentina de un rostro descompuesto para hacernos saltar de nuestros lugares. Al contrario, todo es tan sutil que podríamos desesperarnos porque en apariencia ‘no está pasando nada’. Lo curioso es que sí pasan cosas, demasiadas: Ver a cada personaje perder paulatinamente el control de sí mismo; o ser testigo de como una familia extremadamente religiosa va perdiendo la fe y el balance que los mantenía unidos se resquebraja en tan sólo un par de días por culpa de fuerzas que ellos no comprenden. Todos estos golpes sin tregua a una familia que ante todo intenta mantenerse a flote -por más que cada miembro esté roto por dentro- eriza la piel.

Sin duda las actuaciones de los actores que interpretan a los integrantes de la familia es un deleite. Tan convincente es el trabajo de todos que no será difícil que en distintos puntos de la cinta los odies y compadezcas con idéntica intensidad. Y aquí debemos resaltar el trabajo que Anya Taylor-Joy hace como Thomasin, la hermana mayor, y en cuya actuación se sostiene gran parte de esta película.



El final es apoteósico y te dejará varios cuestionamientos que estarán girando en tu cabeza por varios días.

Esta obra, por lo tanto, es una clara muestra de que aún se puede contar una historia capaz de descomponernos emocionalmente. Pon atención cuando aparezcan los créditos y la gente comience a levantarse de sus lugares, seguro notarás un pesado silencio.



Por @gabrielrevelo
Fuente: Sopitas

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